Como ya adelanté en su día, en el nuevo blog estoy empezando a colgar videos con fragmentos de actuaciones y algunos cuentos completos narrados. Son casi todos de actuaciones para adultos en locales y salas de Madrid y alrededores. También desde estas lineas os quiero pedir, que si alguien tuviera imágenes o videos de alguna de mis apariciones por el festival medieval y me las quiera hacer llegar, puede ponerse en contacto conmigo por correo electrónico y hacerme llegar el enlace en caso de que lo tenga colgado en cualquier medio o enviarmelos directamente y yo las pondré en el sitio web haciendo constar su fuente.

Mas información en: www.manualburquerque.com

 

 

Ya está publicado en el nuevo blog el nuevo cápitulo de “La Posá del navajero”, que será el quinto de los publicados hasta ahora y que narra las andanzas de los niños y particularmente la mía en lo que fué y es hoy en día el corral de la posada del navajero.

Si quieres visitarlo pincha aquí:   La Posá del navajero (cap. 5)

Después de un año y pico de funcionamiento de este blog, he decidido al igual que con el cambio de nombre artístico del cuentacuentos de Ab-el-alqurq por el de Manu Alburquerque, cambiar la apariencia del sitio web y darle otra imagen mas en acorde con el mundillo de los cuentos en el que me muevo y de paso hacer más atractiva su navegación a todos aquellos visitantes que pasan por este sitio.

De todas formas este blog con la actual dirección seguira funcionando de una forma paralela hasta su total migración y en el que puedes seguir visitando como hacías antes.

En el nuevo sitio van a ir apareciendo toda una serie de novedades, con cuentos, noticias, programa de actuaciones, videos, relatos, las historias de la posá del navajero, en fin, todo lo que encuentras en este pero con una nueva apariencia en la presentación principal que sin duda te será más atractivo.

Por tanto a partir de ahora también me puedes encontrar en la siguiente dirección:

www.manualburquerque.com

 

Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos…

Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató.

Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero estos quedaron abandonados en el nido.

Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.

Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre y caminaron en fila tras ella.

La gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja..Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el piso y los patos se esforzaban por imitarla.

Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos.

Un día, como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja.

Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.

Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.

Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.

El gallo apareció por los gritos de la madre y se percató de la situación.

-No se puede confiar en los jóvenes -fue su sentencia- son unos imprudentes.

Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:

-No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones.

Esbeltas figurillas con algo de humano y olvidado, de irreconocibles, surgen del silencio y sus murmullos, esparcen aromas indescifrables al viento, suaves alegrías que se perpetuan con cada cielo y cada luna, con los amores y sus músicas.
Presencias apenas presentidas que se escurren antes de que las alcance el rabillo del ojo o la conciencia, nostalgias arraigadas en lo más recóndito del recuerdo, embriagadas ideas que emanan de alma profunda de los tiempos e impregnan el ánimo de verdades añejas, soterradas, vigentes allá donde aún reina la ilusión y sus miradas de luna o de entusiasmo azul (del prólogo del manuscrito esencial de los gamusinos)

Yo hace años que los descubrí, pero ya de mayor, no creáis. El caso es que hace ya algunos años y de eso que yo todavía residía en Plasencia, mi primo Juan Ángel me enseñó un día un extraño CD con una figurilla subida en la rama de un árbol y que tocaba una fláuta y en el que se podía leer, “Acetre: Canto de gamusinos”. No lo había escuchado, por lo que le dije a mi primo que no los conocía, pero algo de aquello se quedó en mi, no se si el color del azul de la noche del fondo de la portada, si el amarillo de sus rotulos o el verde amarillento y las orejas largas del gamusino.

El caso es que un tiempo más tarde, acabó llegando a mis manos el disco y con lo cual pude disfrutar de algo sublime como es la música del que se ha convertido en uno de mis grupos favoritos. Este grupo es “Acetre”, un grupo de buenos músicos extremeños procedentes de la localidad pacense de Olivenza y que entre otras particularidades tiene la de cantar en español y en portugués y es que como dice la letra de la jota oliventina…”las muchachas de olivenza no son como las demás, porque son hijas de España y nietas de Portugal”.

El folk de Acetre es una fusión de músicas no solo de España y Portugal, hay algo más, algo de jiga irlandesa, algo de raices árabes, algo de sonidos centro europeos y quizás por eso Acetre suena más allá de nuestras fronteras y por eso bien definidos están por las revistas especializadas como musicas del mundo.

Dejando lo anterior al lado que más bien es cosa de críticos especializados, yo no voy a entrar en esas valoraciones, simplemente voy a describir lo que he sentido escuchando sus discos y viéndoles en sus conciertos.

Les fuí a ver por primera vez al auditorio de Alcalá de Henares en un acto promovido por la casa regional de Extremadura en Alcalá. Estaban por entonces preparando el lanzamiento de “Barrunto”, pero todavía predominaban en su repertorio los temas de “Canto de gamusinos”, por lo que abrieron con el primer tema del album “Gamusinos” y tengo que decir que me impresionaron con su directo. A partir de entonces no me harte de escuchar su disco que hasta ese momento era el primero de ellos que tenía. Al poco tiempo les volví a ver en el auditorio municipal de Parla en la presentación del disco “Barrunto” y posteriormente muchas más.

“Barrunto”, para mi gusto supera con creces al disco anterior, hay canciones con las que he sentido todo tipo de emociones, las he puesto de banda sonora a muchos montajes de fotografías que tengo grabados en CDs, las he tenido sonando por lo bajini mientras escribía algunos de mis cuentos, las he oído en el coche, en casa, en el campo, en fin que las conozco como si las hubiese parido.

Por último ha llegado a mis manos “Dehesario”, su último disco, que compré en el concierto que dieron el pasado 12 de enero en la sala “Galileo Galilei” de Madrid. Conciertazo por cierto que me hizo sentir otra vez las emociones que sentí la primera vez que les ví.

Desde hace tiempo, cada vez que voy a un concierto de Acetre me hago acompañar de alguien que no los ha oído núnca, en en este caso fuí acompañado de mi esposa y una pareja de amigos de los que él, es un auténtico melomano y coleccionista de una discoteca de innumerables ejemplares. Yo compré el disco antes de empezar el concierto, porque al fin y al cabo mi fidelidad esta más que contrastada, pero él se esperó a escucharles y no había pasado ni un minuto desde que finalizó el concierto cuando ya había desaparecido de mi lado y al poco regresó con el CD en la mano y en busca de ellos para que nos lo firmasen, porque esa es otra, estos “mónstruos” después de finalizar el concierto, se bajan al patio de butacas y se mezclan con sus seguidores en conversaciones y firmas de discos, con lo que además de oirles puedes tenerles a tu lado charlando como si tal cosa.

Nos fueron firmando todos en cada una de las hermosisimas ilustraciones de la carpeta del disco con una sonrisa de oreja a oreja y un trato de amigos de toda la vida. Gente llana, de los de toda la vida, ¡como me gustan!, ese sentir extremeño que todavía se agranda más estando fuera de allí. De entre todos ellos, tuve la oportunidad de charlar un rato con Inés, con la preciosa, buena música, mejor persona Inés, que nos brindó su tiempo para hacernos sentir con ella como con nuestros mejores amigos de los de siempre y eso que para mi que conozco a la gente de extremadura impresiona, imagina como estaba mi amigo y su novia allía hablando con una persona que minutos antes estaba en el escenario delante de nosotros haciendo salir de los teclados y acordeón esos sonidos que nos hacía a mi llorar alguna vez y a él no se pero le veía un poco más adelantado y con cara de alucinar.

En fin que yo encontré un día a los gamusinos y fue mucho después de haber abandonado la linterna, la cantimplora, el saco para meterlos y todos los aperos y archiperres necesarios para ir a buscarlos en una noche de luna clara, allá en la charca donde croaban las ranas y con los silibidos de una noche en el campo extremeño, allá hace tantos años… búscalos.

(Mis problemas con los médicos)

En aquellos años en los que jugábamos tantas y tantas horas en aquel corral, iba transcurriendo el tiempo sin que prácticamente nos diéramos cuenta, pero entre una y otra anécdota al tiempo íbamos creciendo.

            Me pasaba a mí entonces, que cada dos por tres tenía un accidente del tipo que fuera pero el caso es que casi siempre acababa en manos de Don Daniel y puntos de sutura al canto, por lo que hoy en día guardo en mi cuerpo las señales inequívocas de aquellos hechos. Me atropelló una motocicleta en la carretera  o lo que hoy en día es la Avda. Aurelio Cabrera, otro día me abrí la barbilla en un umbral al ir corriendo escondiéndome de alguien, otra vez me corté los dedos de una mano con las rebabas de un bidón del que utilizaban los albañiles para tener agua en las obras y así hasta llegar a la que fue ultima incidencia de este tipo y por lo que Don Daniel dejo de coserme las heridas.

Si quieres leer el artículo en su totalidad, pincha en este enlace….

En breves días, publicaré el cuarto capitulo de “La posá del navajero” (mis problemas con los médicos), en el que se describen principalmente los juegos de nuestra infancia en aquellos años 60 y principios de los 70. De como eran las cosas en el barrio del Reducto y La plazuela de San Mateo hoy de Andrés Bozas, de algunas “cosas de niños” que hoy en día pondrían los pelos de punta a los protectores padres de hoy en día, de las aventuras de un puñado de niños que entrando y saliendo del corral de la posá viajan a un mundo de fantasías e ilusiones sin moverse del interior de un Renault “Gordini” abandonado en el corral, de como algunos sitios pasan a llamarse popularmente de tal forma en virtud a hechos o accidentes ocurridos en los mismos, de como fueron llegando las “teles” a nuestros hogares y de la llegada de un personaje animal a nuestras vidas que influyó durante años en nuestros juegos. De todo esto y más, pronto lo podréis leer en este blog.

Aquí estoy yo, lamiendo mis heridas al sol de una cálida tarde de enero.

Como veis soy un gato, un gato al fin y al cabo de campo aunque vivo ocasionalmente en un núcleo de viviendas de humanos en el medio rural. Como buen gato, soy libre e independiente, ocasionando para mis vecinos humanos las mínimas molestias posibles, yo tan solo visito de vez en cuando el platillo que me tienen puesto en el corral y cuando se han acordado de echar algo, pues como, luego duermo un rato, en ocasiones este rato suele ser prolongado, dicen los humanos que algunos gatos dormimos casi dieciséis horas al día, pero yo bien creo que exageran, además siempre tenemos que buscar lugares recónditos donde dormir porque a los humanos sobre todo rurales, les molesta bastante que durmamos sobre sus camas o sillones, por lo que los gatos camperos como yo aprovechamos cualquier sitio para echar la cabezadita.

Como echo de menos a veces no ser un gato urbano, pero de los que tienen casa ¿eh?, que para buscar entre cubos de basura siempre preferiré cazar por el campo, que quede claro esto, pero un gato urbano con casa, es diferente, suelen estar bien cuidaditos, comer grandes manjares de esos que salen en la tele, les ponen nombres finos, como “Muffi”, “Silver”, “Tania”, “Wido”, etc. etc., yo sin embargo por mis dominios, es decir el campo, casi no tenemos nombre, simplemente nos dicen “gato”, como mucho nos ponen nombres no tan finos como “Eulogio”, “Frasco”, “Juncio” etc. etc., y por supuesto una palabra que nos produce gran pavor… “saaappeee” ¿a quien se le ocurriría?, porque esta palabra muchas veces viene acompañada de un palo, piedra o bota vieja que nos lanzan cuan misil tierra-aíre.

Los gatos rurales tenemos eso si, la ventaja de callejear o campear libremente, no solemos llevar collares, ni chorradas de esas y salimos y entramos en casa a libre albedrío. Últimamente en esto hemos perdido un poco con las nuevas casas de los humanos en los pueblos, porque yo no se porqué pero ya no hacen puertas con “gateras”, si con esos agujeros que solían tener las viejas y grandonas puertas de las casas de los pueblos en su parte inferior y por la que podíamos entrar y salir cada vez que nos apeteciera. Será a lo mejor que ya no le somos tan imprescindibles a los humanos en las casas de los pueblos, porque cada vez hay menos ratones y es que con tanto cemento en las calles, caminos, casas, urbanizaciones y similares, esos despreciables seres de orejas grandes y paletas dentales desmesuradas para su tamaño, han emigrado a campos lejanos y ya no incomodan tanto a los humanos.

Como podéis observar, aquí estoy convaleciente y lamiendo mis heridas al sol después de algunas noches de correrías por esos campos de Dios, porque por si no lo sabíais el mes de Enero dicen los humanos que es el mes de los gatos, que es cuando nuestras féminas están en celo y nosotros andamos a buscarnos la vida para hacer perdurar nuestra especie, ¡que vida esta!, siempre por esos andurriales haciendo frente a mil y un peligro en forma de otros gatos más pendencieros que yo, perros que no nos dejan vivir, esos si que merecen un comentario a parte, por “pelotas” y “rastreros” de los humanos, ¡si yo hablara…!, pero no quiero extenderme sobre “esos” que no son más que meros comparsillas en medio de nuestro mundo rural gatuno.

A veces echo en falta a alguien que me acaricie el lomo, alguien que me dejara sentarme enroscado en sus piernas mientras se calienta al brasero, porque eso si, los gatos somos un poco frioleros y siempre nos gusta arrimarnos a alguien para compartir su calor, pero en este mundo rural nuestro eso es difícil. Aquí estoy yo solo con mis heridas, que si hubiese sido un gato de ciudad de los que tienen casa, seguramente mi dueña me habría llevado al veterinario, el médico ese de los animales y me habrían curado con mimo y atención, pero no, yo soy un gato campero y se me tienen que curar solas las heridas y aunque tenga una oreja medio desprendida, un ojo cerrado por un arañazo infame y rastrero y la boca medio partida, ahí estoy, al sol del cálido invierno del oeste extremeño-portugués viendo pasar el tiempo y a algún que otro humano tonto que como este me apunta con un extraño objeto que ellos llaman cámara de fotos, ¡que mira que tienen los humanos manía de apuntarse unos a otros con ese tonto objeto!, y hala a formar parte de su inventario particular de objetos y cosas humanas.

Bueno, que digo yo, que voy a seguir durmiendo un rato a ver si echo las famosas dieciséis horas que dicen que dormimos los gatos.

* Eulogio es un gato medio portugués, medio español, vive a camino entre El Marco portugués y El Marco español, y ve pasar el tiempo desde su atalaya al lado del camino que conduce al puente sobre el regato “Abrilongo”.

Este fin de semana pasado he estado en Alburquerque a dar una vueltita. Y entre otras cosas que he hecho por allí y encuentro con amistades de siempre, me encontré a Ñay que como no era de esperar otra cosa, estaba ya preparando los carnavales con su actual “pareja artística” que desde hace algún tiempo, ha sustituido la falta de su alter-ego de toda la vida que ha sido Manzano.

Me comentó Ñay que había alojado sus fotos de carnaval en un blog y me dió la dirección para echarle un vistazo, algo que por supuesto no tardé en realizar y estando en ello le comenté que podía hacerle una página en este blog recordando anécdotas de carnavales pasados y como empezó todo el lío en los últimos años 80 y toda la decada de los 90, publicando también sus mejores fotos. En este particular quisiera hacer una semblanza de lo que han sido los carnavales en esos años y publicar fotografías propias como ajenas para hacer un poco más entretenida su visión.

Por lo tanto y en espera de tener algo de tiempo para llevar a cabo tal asunto y de que Ñay me remita su crónica, os dejo el enlace del blog de Ñay en la columna de la derecha para que os echéis unas risas…“Ñay y Manzano, fotos de carnaval”

El viernes día 11 estuve con los compañeros de

El viernes 11 de enero, estuvimos contando nuestros cuentos para adultos en el café “La fláuta mágica” de Madrid. Este café es uno de los sitios de referencia en el mundillo de los cuentos en bares desde hace años y que por tanto tiene una programación estable con su propio cartel de cuentacuentos, monólogos y cantautores que con periodicidad van pasando por su escenario.

Dentro de esta programación van pasando además grupos o narradores invitados que no son de los habituales en el local y por tanto nosotros esta vez hemos ido como invitados por primera vez desde que iniciamos nuestra andadura en el mundillo de la narración de cuentos.

La sesión daba comienzo a partir de las 21′30 horas por lo que nos fuimos presentando en el local a eso de las nueve de la noche y allí nos fuimos encontrando a algunos de los amigos que han estado con nosotros desde nuestros comienzos. Allí estaban gente como nuestra incondicional Mónica acompañada de Cristina Peláez y Pedro Bazo,  ellos son en parte también gente de “La Trupé”, ya que  estaban en aquella primera quedada de “en ca Amalia” por enero del pasado año cuando decidimos salir a las tablas.

Un momento de mi actuación en el café

Una vez llegado el momento de empezar y acompañado de los acordes de “cuéntame un cuento” de los “Celtas Cortos”, como tiene costumbre el café de anunciar el comienzo de la sesión de cuentacuentos, subió Raúl al pequeño escenario y presentó el grupo enfundado como todos los componentes del grupo esa noche en las negras camisetas que había traído Laura con la imágen las caretas en blanco.

El primero en contar fue Manolo dando comienzo con un cuento sobre la identidad de unos extraños pueblos que él conoce y poco a poco el hielo se fue rompiendo y la gente entrando en ambiente.

Seguidamente, subió al escenario Laura  y todavía siguió llegando gente al local para unos minutos después entrar definitivamente en el ambiente crucial de la contada y en el que es de reseñar, como te escucha la gente en “La fláuta”, porque a pesar de ser un bar y con todos los inconvenientes que esto conlleva en cuanto a la atención a prestar por parte del público, en “La fláuta” , la gente escucha, sobre todo los que se encuentran sentados en las mesas, que incluso al llegar al local y se está contando un cuento, se esperan a que se termine para sentarse en las mesas.

Después subió Raúl a contar su cuento de estar primera parte y posteriormente lo hizo Nacho para seguidamente dar paso a un pequeño descanso. Pasados unos minutos, dió comienzo lo que fue la segunda parte de la sesión y siguiendo el mismo orden fuimos subiendo hasta que llegado el momento de subir Raúl el segundo de sus cuentos, no pudo hacerlo por imperativos de local que incidió en que tenía que finalizar la contada no dando margen para seguir con la misma. Este fue quizás el puntillo negro en cuanto la presencia en este local, ya que de haber comenzado la contada en su tiempo, seguramente habría dado tiempo a realizarla completa, ya que normalmente esto lo llevamos estudiado con respecto a la duración de los temas de cada uno de los componentes que van a contar ese día.

Una vez dicho esto, queremos decir que para nosotros ha sido una grata experiencia el estar en este local y al que esperamos volver en alguna otra ocasión y que por supuesto le deseamos larga vida ya que por desgracia este tipo de locales escasean por todas latitudes y al que desde estas páginas deseamos que siga como siempre.