Esbeltas figurillas con algo de humano y olvidado, de irreconocibles, surgen del silencio y sus murmullos, esparcen aromas indescifrables al viento, suaves alegrías que se perpetuan con cada cielo y cada luna, con los amores y sus músicas.
Presencias apenas presentidas que se escurren antes de que las alcance el rabillo del ojo o la conciencia, nostalgias arraigadas en lo más recóndito del recuerdo, embriagadas ideas que emanan de alma profunda de los tiempos e impregnan el ánimo de verdades añejas, soterradas, vigentes allá donde aún reina la ilusión y sus miradas de luna o de entusiasmo azul (del prólogo del manuscrito esencial de los gamusinos)
Yo hace años que los descubrí, pero ya de mayor, no creáis. El caso es que hace ya algunos años y de eso que yo todavía residía en Plasencia, mi primo Juan Ángel me enseñó un día un extraño CD con una figurilla subida en la rama de un árbol y que tocaba una fláuta y en el que se podía leer, “Acetre: Canto de gamusinos”. No lo había escuchado, por lo que le dije a mi primo que no los conocía, pero algo de aquello se quedó en mi, no se si el color del azul de la noche del fondo de la portada, si el amarillo de sus rotulos o el verde amarillento y las orejas largas del gamusino.
El caso es que un tiempo más tarde, acabó llegando a mis manos el disco y con lo cual pude disfrutar de algo sublime como es la música del que se ha convertido en uno de mis grupos favoritos. Este grupo es “Acetre”, un grupo de buenos músicos extremeños procedentes de la localidad pacense de Olivenza y que entre otras particularidades tiene la de cantar en español y en portugués y es que como dice la letra de la jota oliventina…”las muchachas de olivenza no son como las demás, porque son hijas de España y nietas de Portugal”.
El folk de Acetre es una fusión de músicas no solo de España y Portugal, hay algo más, algo de jiga irlandesa, algo de raices árabes, algo de sonidos centro europeos y quizás por eso Acetre suena más allá de nuestras fronteras y por eso bien definidos están por las revistas especializadas como musicas del mundo.
Dejando lo anterior al lado que más bien es cosa de críticos especializados, yo no voy a entrar en esas valoraciones, simplemente voy a describir lo que he sentido escuchando sus discos y viéndoles en sus conciertos.
Les fuí a ver por primera vez al auditorio de Alcalá de Henares en un acto promovido por la casa regional de Extremadura en Alcalá. Estaban por entonces preparando el lanzamiento de “Barrunto”, pero todavía predominaban en su repertorio los temas de “Canto de gamusinos”, por lo que abrieron con el primer tema del album “Gamusinos” y tengo que decir que me impresionaron con su directo. A partir de entonces no me harte de escuchar su disco que hasta ese momento era el primero de ellos que tenía. Al poco tiempo les volví a ver en el auditorio municipal de Parla en la presentación del disco “Barrunto” y posteriormente muchas más.
“Barrunto”, para mi gusto supera con creces al disco anterior, hay canciones con las que he sentido todo tipo de emociones, las he puesto de banda sonora a muchos montajes de fotografías que tengo grabados en CDs, las he tenido sonando por lo bajini mientras escribía algunos de mis cuentos, las he oído en el coche, en casa, en el campo, en fin que las conozco como si las hubiese parido.
Por último ha llegado a mis manos “Dehesario”, su último disco, que compré en el concierto que dieron el pasado 12 de enero en la sala “Galileo Galilei” de Madrid. Conciertazo por cierto que me hizo sentir otra vez las emociones que sentí la primera vez que les ví.
Desde hace tiempo, cada vez que voy a un concierto de Acetre me hago acompañar de alguien que no los ha oído núnca, en en este caso fuí acompañado de mi esposa y una pareja de amigos de los que él, es un auténtico melomano y coleccionista de una discoteca de innumerables ejemplares. Yo compré el disco antes de empezar el concierto, porque al fin y al cabo mi fidelidad esta más que contrastada, pero él se esperó a escucharles y no había pasado ni un minuto desde que finalizó el concierto cuando ya había desaparecido de mi lado y al poco regresó con el CD en la mano y en busca de ellos para que nos lo firmasen, porque esa es otra, estos “mónstruos” después de finalizar el concierto, se bajan al patio de butacas y se mezclan con sus seguidores en conversaciones y firmas de discos, con lo que además de oirles puedes tenerles a tu lado charlando como si tal cosa.
Nos fueron firmando todos en cada una de las hermosisimas ilustraciones de la carpeta del disco con una sonrisa de oreja a oreja y un trato de amigos de toda la vida. Gente llana, de los de toda la vida, ¡como me gustan!, ese sentir extremeño que todavía se agranda más estando fuera de allí. De entre todos ellos, tuve la oportunidad de charlar un rato con Inés, con la preciosa, buena música, mejor persona Inés, que nos brindó su tiempo para hacernos sentir con ella como con nuestros mejores amigos de los de siempre y eso que para mi que conozco a la gente de extremadura impresiona, imagina como estaba mi amigo y su novia allía hablando con una persona que minutos antes estaba en el escenario delante de nosotros haciendo salir de los teclados y acordeón esos sonidos que nos hacía a mi llorar alguna vez y a él no se pero le veía un poco más adelantado y con cara de alucinar.
En fin que yo encontré un día a los gamusinos y fue mucho después de haber abandonado la linterna, la cantimplora, el saco para meterlos y todos los aperos y archiperres necesarios para ir a buscarlos en una noche de luna clara, allá en la charca donde croaban las ranas y con los silibidos de una noche en el campo extremeño, allá hace tantos años… búscalos.