Alburquerque, Alburquerque

bien mereces ser honrado,

en ti están los tres infantes

hijos del rey Don Fernando.

Destérrelos de mis reinos

destérrelos por un año;

Alburquerque era muy fuerte

con él se me habían alzado.

Oh Don Alvaro de Luna,

cuán mal me habeis burlado.

Dixisteme que Alburquerque

está puesto en un llano,

véole yo cavas hondas

y de torres bien cercado,

dentro mucha artillería,

gente de pie y de caballo

y en aquella torre mocha

 tres pendones han alzado;

el uno por don Enrique,

otro por don Juan su hermano,

el otro era por don Pedro,

Infante desheredado,

Álcese luego el Real

que excusado era era tomallo.

(romance del cancionero musical siglos XV y XVI, completado por Menéndez Pelayo con un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid)

–Gerineldo, Gerineldo, paje del rey más querido,

quién te tuviera esta noche en mi jardín florecido.

Válgame Dios, Gerineldo, cuerpo que tienes tan lindo.

–Como soy vuestro criado, señora, burláis conmigo.

–No me burlo, Gerineldo, que de veras te lo digo.

–¿Y cuando, señora mía, cumpliréis lo prometido?

–Entre las doce y la una, cuando el rey esté dormido.

Media noche ya es pasada. Gerineldo no ha venido.

“¡Oh, malhaya, Gerineldo, quien amor puso contigo!”

–Abráisme, la mi señora, abráisme, cuerpo garrido.

–¿Quién a mi estancia se atreve, quién llama así a mi postigo?

–No os turbéis, señora mía, que soy vuestro dulce amigo.

Tomáralo por la mano y en el lecho lo ha metido;

entre juegos y deleites la noche se les ha ido,

y allá el amanecer los dos se duermen vencidos.

Despertando había el rey de un sueño despavorido.

“O me roban a la infanta o traicionan el castillo.”

Aprisa llama a su paje pidiendole los vestidos:

“¡Gerineldo, Gerineldo, el mi paje más querido!”

Tres veces le había llamado, ninguna le ha respondido.

Puso la espada en la cinta, adonde la infanta ha ido;

vio a su hija, vio a su paje como mujer y marido.

“¿Mataré yo a Gerineldo, a quién crié desde niño?

Pués si matare a la infanta, mi reino queda perdido.

Pondré mi espada por medio, que me sirva de testigo.”

Y salióse hacia el jardín sin ser de nadie sentido.

Rebullíase la infanta tres horas ya el sol salido;

con el frior de la espada la dama se ha estremecido.

–Levántate, Gerineldo, levántate, dueño mío,

la espada del rey mi padre entre los dos ha dormido.

–¿Y adónde iré mi señora, que del rey no sea visto?

–Vete por ese jardín cogiendo rosas y lirios;

pesares que te vinieren yo los partiré contigo.

–¿Donde vienes, Gerineldo, tan mustio y descolorido?

–Vengo del jardín, buen rey, por ver como ha florecido;

la fragancia de una rosa la color me ha devaído.

–De esa rosa que has cortado mi espada será testigo.

–Matadme, señor, matadme, bien lo tengo merecido.

Ellos en estas razones, la infanta a su padre vino;

–Rey y señor, no le mates, mas dámelo por marido.

O si lo quieres matar la muerte será conmigo.

(anónimo)

En Sevilla a un sevillano siete hijas le dió Dios

todas siete fueron hembras y ninguna fué varón.

A la mas chiquita de ellas

le llevó la inclinación

de ir a servir en la guerra vestidita de varón.

Al montar en su caballo

la espada se le cayó;

por decir, maldita sea,

Dijo: maldita sea yo.

El Rey que la estaba oyendo,

de amores se cautivó,

-Madre los ojos de Marcos

son de hembra, no de varón.

-Convídala tu hijo mío,

a los ríos a nadar,

que si ella fuese hembra

no se querrá desnudar.

Toditos los caballeros

se empiezan a desnudar,

y el caballero Don Marcos

se ha retirado a llorar.

Por qué llora Vd. Don Marcos

por que debo de llorar,

por un falso testimonio

que me quieren levantar.

No llores alma querida

no llores mi corazón

que eso que tu tanto sientes,

eso lo deseo yo.