En breves días, publicaré el cuarto capitulo de “La posá del navajero” (mis problemas con los médicos), en el que se describen principalmente los juegos de nuestra infancia en aquellos años 60 y principios de los 70. De como eran las cosas en el barrio del Reducto y La plazuela de San Mateo hoy de Andrés Bozas, de algunas “cosas de niños” que hoy en día pondrían los pelos de punta a los protectores padres de hoy en día, de las aventuras de un puñado de niños que entrando y saliendo del corral de la posá viajan a un mundo de fantasías e ilusiones sin moverse del interior de un Renault “Gordini” abandonado en el corral, de como algunos sitios pasan a llamarse popularmente de tal forma en virtud a hechos o accidentes ocurridos en los mismos, de como fueron llegando las “teles” a nuestros hogares y de la llegada de un personaje animal a nuestras vidas que influyó durante años en nuestros juegos. De todo esto y más, pronto lo podréis leer en este blog.

Aquí estoy yo, lamiendo mis heridas al sol de una cálida tarde de enero.

Como veis soy un gato, un gato al fin y al cabo de campo aunque vivo ocasionalmente en un núcleo de viviendas de humanos en el medio rural. Como buen gato, soy libre e independiente, ocasionando para mis vecinos humanos las mínimas molestias posibles, yo tan solo visito de vez en cuando el platillo que me tienen puesto en el corral y cuando se han acordado de echar algo, pues como, luego duermo un rato, en ocasiones este rato suele ser prolongado, dicen los humanos que algunos gatos dormimos casi dieciséis horas al día, pero yo bien creo que exageran, además siempre tenemos que buscar lugares recónditos donde dormir porque a los humanos sobre todo rurales, les molesta bastante que durmamos sobre sus camas o sillones, por lo que los gatos camperos como yo aprovechamos cualquier sitio para echar la cabezadita.

Como echo de menos a veces no ser un gato urbano, pero de los que tienen casa ¿eh?, que para buscar entre cubos de basura siempre preferiré cazar por el campo, que quede claro esto, pero un gato urbano con casa, es diferente, suelen estar bien cuidaditos, comer grandes manjares de esos que salen en la tele, les ponen nombres finos, como “Muffi”, “Silver”, “Tania”, “Wido”, etc. etc., yo sin embargo por mis dominios, es decir el campo, casi no tenemos nombre, simplemente nos dicen “gato”, como mucho nos ponen nombres no tan finos como “Eulogio”, “Frasco”, “Juncio” etc. etc., y por supuesto una palabra que nos produce gran pavor… “saaappeee” ¿a quien se le ocurriría?, porque esta palabra muchas veces viene acompañada de un palo, piedra o bota vieja que nos lanzan cuan misil tierra-aíre.

Los gatos rurales tenemos eso si, la ventaja de callejear o campear libremente, no solemos llevar collares, ni chorradas de esas y salimos y entramos en casa a libre albedrío. Últimamente en esto hemos perdido un poco con las nuevas casas de los humanos en los pueblos, porque yo no se porqué pero ya no hacen puertas con “gateras”, si con esos agujeros que solían tener las viejas y grandonas puertas de las casas de los pueblos en su parte inferior y por la que podíamos entrar y salir cada vez que nos apeteciera. Será a lo mejor que ya no le somos tan imprescindibles a los humanos en las casas de los pueblos, porque cada vez hay menos ratones y es que con tanto cemento en las calles, caminos, casas, urbanizaciones y similares, esos despreciables seres de orejas grandes y paletas dentales desmesuradas para su tamaño, han emigrado a campos lejanos y ya no incomodan tanto a los humanos.

Como podéis observar, aquí estoy convaleciente y lamiendo mis heridas al sol después de algunas noches de correrías por esos campos de Dios, porque por si no lo sabíais el mes de Enero dicen los humanos que es el mes de los gatos, que es cuando nuestras féminas están en celo y nosotros andamos a buscarnos la vida para hacer perdurar nuestra especie, ¡que vida esta!, siempre por esos andurriales haciendo frente a mil y un peligro en forma de otros gatos más pendencieros que yo, perros que no nos dejan vivir, esos si que merecen un comentario a parte, por “pelotas” y “rastreros” de los humanos, ¡si yo hablara…!, pero no quiero extenderme sobre “esos” que no son más que meros comparsillas en medio de nuestro mundo rural gatuno.

A veces echo en falta a alguien que me acaricie el lomo, alguien que me dejara sentarme enroscado en sus piernas mientras se calienta al brasero, porque eso si, los gatos somos un poco frioleros y siempre nos gusta arrimarnos a alguien para compartir su calor, pero en este mundo rural nuestro eso es difícil. Aquí estoy yo solo con mis heridas, que si hubiese sido un gato de ciudad de los que tienen casa, seguramente mi dueña me habría llevado al veterinario, el médico ese de los animales y me habrían curado con mimo y atención, pero no, yo soy un gato campero y se me tienen que curar solas las heridas y aunque tenga una oreja medio desprendida, un ojo cerrado por un arañazo infame y rastrero y la boca medio partida, ahí estoy, al sol del cálido invierno del oeste extremeño-portugués viendo pasar el tiempo y a algún que otro humano tonto que como este me apunta con un extraño objeto que ellos llaman cámara de fotos, ¡que mira que tienen los humanos manía de apuntarse unos a otros con ese tonto objeto!, y hala a formar parte de su inventario particular de objetos y cosas humanas.

Bueno, que digo yo, que voy a seguir durmiendo un rato a ver si echo las famosas dieciséis horas que dicen que dormimos los gatos.

* Eulogio es un gato medio portugués, medio español, vive a camino entre El Marco portugués y El Marco español, y ve pasar el tiempo desde su atalaya al lado del camino que conduce al puente sobre el regato “Abrilongo”.

Este fin de semana pasado he estado en Alburquerque a dar una vueltita. Y entre otras cosas que he hecho por allí y encuentro con amistades de siempre, me encontré a Ñay que como no era de esperar otra cosa, estaba ya preparando los carnavales con su actual “pareja artística” que desde hace algún tiempo, ha sustituido la falta de su alter-ego de toda la vida que ha sido Manzano.

Me comentó Ñay que había alojado sus fotos de carnaval en un blog y me dió la dirección para echarle un vistazo, algo que por supuesto no tardé en realizar y estando en ello le comenté que podía hacerle una página en este blog recordando anécdotas de carnavales pasados y como empezó todo el lío en los últimos años 80 y toda la decada de los 90, publicando también sus mejores fotos. En este particular quisiera hacer una semblanza de lo que han sido los carnavales en esos años y publicar fotografías propias como ajenas para hacer un poco más entretenida su visión.

Por lo tanto y en espera de tener algo de tiempo para llevar a cabo tal asunto y de que Ñay me remita su crónica, os dejo el enlace del blog de Ñay en la columna de la derecha para que os echéis unas risas…“Ñay y Manzano, fotos de carnaval”

El viernes día 11 estuve con los compañeros de

El viernes 11 de enero, estuvimos contando nuestros cuentos para adultos en el café “La fláuta mágica” de Madrid. Este café es uno de los sitios de referencia en el mundillo de los cuentos en bares desde hace años y que por tanto tiene una programación estable con su propio cartel de cuentacuentos, monólogos y cantautores que con periodicidad van pasando por su escenario.

Dentro de esta programación van pasando además grupos o narradores invitados que no son de los habituales en el local y por tanto nosotros esta vez hemos ido como invitados por primera vez desde que iniciamos nuestra andadura en el mundillo de la narración de cuentos.

La sesión daba comienzo a partir de las 21?30 horas por lo que nos fuimos presentando en el local a eso de las nueve de la noche y allí nos fuimos encontrando a algunos de los amigos que han estado con nosotros desde nuestros comienzos. Allí estaban gente como nuestra incondicional Mónica acompañada de Cristina Peláez y Pedro Bazo,  ellos son en parte también gente de “La Trupé”, ya que  estaban en aquella primera quedada de “en ca Amalia” por enero del pasado año cuando decidimos salir a las tablas.

Un momento de mi actuación en el café

Una vez llegado el momento de empezar y acompañado de los acordes de “cuéntame un cuento” de los “Celtas Cortos”, como tiene costumbre el café de anunciar el comienzo de la sesión de cuentacuentos, subió Raúl al pequeño escenario y presentó el grupo enfundado como todos los componentes del grupo esa noche en las negras camisetas que había traído Laura con la imágen las caretas en blanco.

El primero en contar fue Manolo dando comienzo con un cuento sobre la identidad de unos extraños pueblos que él conoce y poco a poco el hielo se fue rompiendo y la gente entrando en ambiente.

Seguidamente, subió al escenario Laura  y todavía siguió llegando gente al local para unos minutos después entrar definitivamente en el ambiente crucial de la contada y en el que es de reseñar, como te escucha la gente en “La fláuta”, porque a pesar de ser un bar y con todos los inconvenientes que esto conlleva en cuanto a la atención a prestar por parte del público, en “La fláuta” , la gente escucha, sobre todo los que se encuentran sentados en las mesas, que incluso al llegar al local y se está contando un cuento, se esperan a que se termine para sentarse en las mesas.

Después subió Raúl a contar su cuento de estar primera parte y posteriormente lo hizo Nacho para seguidamente dar paso a un pequeño descanso. Pasados unos minutos, dió comienzo lo que fue la segunda parte de la sesión y siguiendo el mismo orden fuimos subiendo hasta que llegado el momento de subir Raúl el segundo de sus cuentos, no pudo hacerlo por imperativos de local que incidió en que tenía que finalizar la contada no dando margen para seguir con la misma. Este fue quizás el puntillo negro en cuanto la presencia en este local, ya que de haber comenzado la contada en su tiempo, seguramente habría dado tiempo a realizarla completa, ya que normalmente esto lo llevamos estudiado con respecto a la duración de los temas de cada uno de los componentes que van a contar ese día.

Una vez dicho esto, queremos decir que para nosotros ha sido una grata experiencia el estar en este local y al que esperamos volver en alguna otra ocasión y que por supuesto le deseamos larga vida ya que por desgracia este tipo de locales escasean por todas latitudes y al que desde estas páginas deseamos que siga como siempre.

Pasado un año casi desde mi comienzo como contador de historias y cuentos tanto para adultos como para niños, este comienzo de año empieza de una forma bastante positiva para mi, por lo que supone estar contando cuentos para adultos en el café “La fláuta mágica” de Madrid. Este es uno de los sitios donde se programan sesiones de cuenta cuentos con periodicidad en Madrid, una de las “catedrales” del cuento en la capital.

Estaré acompañado de mis compañeros de grupo en “La Trupé cuentacuentos“, Nacho, Amalia y Raúl, en una sesión que dará comienzo a las 21′30 horas del próximo Viernes 11 de enero. C/ Alcántara nº 49 <M> Diego de León.

Os esperamos por allí a todos los que os apetezca tomar algo en “La fláuta” y como siempre prestarnos vuestras orejas para escucharnos.

 Programa para Enero en “La fláuta mágica”: http://www.cafe-laflautamagica.com/programa.htm

Hace unos días lo leí en el periódico “Hoy”, ya anteriormente lo había escuchado por el pueblo, pero son de estas cosas que oyes y que no le das la importancia en su momento que para uno pueda tener, pero cuando lo ves escrito en las páginas de un periódico es ya como la confirmación de que el hecho se ha producido.

Me vienen a la memoria según voy leyendo, datos, fechas y anécdotas ocurridas en el interior de sus dependencias, porque además “Tegamar” ha sido contemporánea al desarrollo de mi juventud y a la de los de mi generación y tengo la extraña sensación de que con el fin de la existencia de “Tegamar”, llega también el fin de la juventud y como me imagino, abren otros locales y garitos de todo tipo que se vuelven a poblar de la juventud de ese momento y que también sus vidas discurrirán paralelas.

Vengo a comentar esto, porque cuando “Tegamar” abrió sus puertas, yo tenía alrededor de 20 años, o no los habría cumplido todavía, con lo cual era el tiempo en los que empezabas a descubrir otros tiempos que pasados los de la niñez, se convierten en los más intensos de tu vida, los veinte años de las personas y que te los comes y bebes con voracidaz.

Yo vivía como desde hacía años fuera de Alburquerque, pero como siempre, pasaba allí mis vacaciones tanto de verano como semana santa y navidad. Vi por tanto, la demolición del viejo “casino de los señores” que se encontraba en el mismo lugar que hoy ocupa el edificio de “Tegamar”, estuve al tanto de la polemica que se formó por aquellos días en torno al descubrimiento del lienzo un una parte de la muralla y que volvieran a dejar construir sobre ella y sobre todo vi aparecer la figura de un hombre que yo no había conocido hasta entonces que era Martín Bargón. Un hombre fuerte y con bigote que con el paso de los años fui conociendo mas a menudo, puesto que cada vez que volvía por Alburquerque yo siempre visitaba su local y allí estaba él, con su inconfundible figura y que siempre a partir de una vez que alguien nos presentó, me estrechaba su mano con fuerza y mostraba un saludo sincero y generoso.

Las incomparables

Hemos pasado muchas horas los de nuestra generación como ya digo entre sus paredes, tanto en la cafetería, como en la discoteca. Allí siempre terminábamos la noche y de allí para casa o para donde fuera. Año tras año y parece que no pasan núnca, pero ahí van y poco a poco transcurre tu vida al compás del local.

Recuerdo algunas anécdotas ocurridas en “Tegamar”, pero sin duda hay unos momentos en los que siempre viene a mi memoria Martín, que era cuando estaba de moda celebrar los bingos en las discotecas y para no ser menos, por supuesto Martín que era un hombre viajado y estaba siempre al tanto de lo que se hacía por locales de todo el país, celebraba también “Tegamar” su bingo a mitad de la noche. Se encendían las luces blancas del local y la inconfundible voz de Martín, cantaba los numeritos que iban saliendo del bombo de plástico del jueguecito ese de la lotería que mas de uno hemos tenido en casa y cuando llegaba a ciertos números, Martín hacía el correspondiente comentario sobre algún número en cuestión que a él le llamaba la atención por algo. Así que cuando llegaba el 15, Martín decía…”la niña bonita”, cuando llegaba el 22…”los dos patitos”, cuando llegaba el 69… y aquí ponía especial énfasis y decía aquello de…”bonito número” y después proseguía hasta que finalizaba el sorteo y repartía el premio de cada día, que esto si que no recuerdo lo que era, pues reconozco que a mi núnca me toco uno de aquellos premios que cada noche repartía.

Amigos acabando una larga noche de Contempopranea, degustando unas sabrosas catalanas y los primeros rayos de sol del día

Con el tiempo, Martín se fue de entre nosotros y allí quedó siempre Gabina que mantuvo aquello funcionando y trabajando como una leona hasta llegar a hoy en día en el que ha llegado también su jubilación y por tanto al no tener continuidad por parte de la familia ha echado el cierre.

“Tegamar” en los últimos tiempos se había convertido en un referente para gran cantidad de jovenes que asisten todos los años al multitudinario “Contempopranea”, porque era típico acabar las noches de los conciertos en este recinto desayunando unas tostadas conocidisimas en toda España debido a que muchos de estos asistentes lo han comentado en los diferentes foros de opinión al respecto, que eran denominadas “catalanas”, por aquello de que (como se puede observar en la foto superior), iban untadas de “pa amb tomaca” y lonchas de exquisito jamón íberico de la zona servidas con generosidad. La noche se fundía con el día y poco a poco se iba dispersando para dejar paso a la luminosa mañana como decía alguna letra de uno de “mis” grupos, “Triana” y el jáleo de los vencejos sobrevolando la plaza, dejaba paso a una tranquila mañana de un mes de julio cualquiera en los últimos años.

Los vencejos sobrevuelan la plaza de Alburquerque una luminosa mañana de julio

No quiero extenderme más con la nostalgia pero creo que los que me puedan leer en este post, si han tenido estas vivencias, me imagino sentirán ese nudillo ahí, que ve pasar el tiempo y no nos damos cuenta.

Personalmente me gustaría que alguien se hiciera cargo del negocio y este sitio continuara con sus puertas abiertas ya que es un referente de Alburquerque y sin él la plaza quedará oscura aúnque se ilumine de nuevo con luces azules, como siempre que cierra un negocio de estos y su gran local es aprovechado para abrir una sucursal bancaria en el que guardar “nuestros” dineros y deudas.

Me gustaría si alguien lee este post que mandéis vuestros comentarios sobre que os ha parecido el cierre de “Tegamar” y de paso si queréis relatar alguna de vuestras vivencias allí.

 

 

Feliz año nuevo para todos y que en  este próximo 2008 la vida nos cuente solo cosas bonitas. Como siempre es el momento de decir todo lo nuevo que queremos hacer y lograr y marcarnos nuevas metas.

En este año que entra espero seguir con la labor que he iniciado en los últimos tiempos y que es de la que se trata este blog, de seguir contando cuentos a todos y en todos los sitios que quieran disponer sus orejas para escuchar. Por eso seguiré alimentando estas páginas de nuevas y mejores historias reales e imaginarias como todo cuentista que se precie, por eso seguiré recabando cuentos de otros autores y poniéndolos a disposición de tod@s aquell@s que quieran leerlos.

A partir de este año empezaré a contar cuentos para adultos cambiando de nombre artístico ya que el que utilizaba hasta ahora que era “Manolo Abelalqurq“, es un poco difícil de pronunciar y a la gente le costaba decir el nombre, por lo que he decidido tomar como referencia el nombre del pueblo que me vió nacer y a partir de ahora para los espectáculos de cuentos de adultos, me haré llamar “Manu Alburquerque“.

Salud para todos y mucha mucha suerte en este 2008