Después de un año y pico de funcionamiento de este blog, he decidido al igual que con el cambio de nombre artístico del cuentacuentos de Ab-el-alqurq por el de Manu Alburquerque, cambiar la apariencia del sitio web y darle otra imagen mas en acorde con el mundillo de los cuentos en el que me muevo y de paso hacer más atractiva su navegación a todos aquellos visitantes que pasan por este sitio.

De todas formas este blog con la actual dirección seguira funcionando de una forma paralela hasta su total migración y en el que puedes seguir visitando como hacías antes.

En el nuevo sitio van a ir apareciendo toda una serie de novedades, con cuentos, noticias, programa de actuaciones, videos, relatos, las historias de la posá del navajero, en fin, todo lo que encuentras en este pero con una nueva apariencia en la presentación principal que sin duda te será más atractivo.

Por tanto a partir de ahora también me puedes encontrar en la siguiente dirección:

www.manualburquerque.com

 

Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos…

Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató.

Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero estos quedaron abandonados en el nido.

Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.

Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre y caminaron en fila tras ella.

La gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja..Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el piso y los patos se esforzaban por imitarla.

Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos.

Un día, como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja.

Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.

Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.

Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.

El gallo apareció por los gritos de la madre y se percató de la situación.

-No se puede confiar en los jóvenes -fue su sentencia- son unos imprudentes.

Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:

-No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones.