Empiezo a narrar en esta página una parte de lo que ha sido mi niñez en Alburquerque. Desde quizás a mediados de los años 60 y que seguramente coincidiera con la etapa de la enfermedad que al final acabaría con la vida de mi padre y que seguramente cuando mi madre se encontrara con el en el hospital, mis tías Nico y Felipa se harían cargo de nosotros durante esa etapa. Recuerdo de cuando me enviaban en un camión del que creo recordar el nombre de su conductor que era Pedro Vega. En esa epoca es cuando tomo contacto con el espacio que a partir de ahora voy a describir que es la que fue conocida en tiempo y de la que aún perdura en el recuerdo de mucha gente la conocida como “La posá del navajero”. Es aquí donde se fraguan las primeras amistades de la infancia y que algo más que una amistad puesto que mucha gente de Alburquerque hoy en día siguen creyendo que estos amigos son mis primos. Aquí es donde tomo contacto con José Antonio, Rafalino, Japaca y Juanitín.

En la foto, José Antonio, Rafalino, Japaca y Manolín

Posteriormente y cuando al fallecer mi padre, nos vinimos a vivir a Alburquerque, este sitio pasó a ser el lugar donde desarrollamos toda nuestra imaginación y disfrutamos de una infancia en la que a pesar de las austeridades de la época, nosotros nos bebimos el mundo en unas corrientes interminables de felicidad.

Por aquel entonces las traseras de mi casa daban a las cuadras de los corrales de la posá puesto que todavía no habían construido detras de la misma lo que después fue el taller de construcciones metálicas de Felipe Gamero. En dichas traseras existía entonces una ventana desde la que mi madre cuando llegaba la hora de comer, puesto que nos estábamos jugando en estos corrales desde por la mañana temprano hasta la hora de comer, se asomaba por esta ventana y gritaba como una especie de sirena de fábrica: Manolooooo, a comer y con esta señal empezaba una especie de cuenta atrás en el tiempo que yo me demoraba en acudir a casa que casi siempre solía exceder el permitido por mi madre y rara vez no acababa probando la suela de su zapatilla en mi trasero para comer calentito.

La posá del navajero en aquella época era un hervidero de gentes, sobre todo cuando se aproximaba la feria de mayo y llegaban a ella los diferentes tratantes de ganado a comprar y vender su género. De todo ello nosotros eramos testigos del trasiego en el corral enorme que ahora después de los años encuentro pequeñito, aquel sitio era nuestro mundo, no necesitabamos salir de alli para dar rienda suelta a interminables fantasías de indios, vaqueros, mónstruos y fantasmas de todo tipo con los que aderezábamos nuestros juegos infantiles.

En la foto, Rafalino, Manolín, Jose Antonio y Herminita y justo detrás de ellos se encuentra sentado en su silla el señó José el navajero

Recuerdo con cierta dificultad dado que han pasado casi cuarenta años desde mis primeros pasos por el corral de la posá del navajero, la figura del señó José el navajero, con su chaleco negro y su sombrero cordobés sentado a la sombra en una especie de silla sin respaldo, unas veces como se aprecia justo en la anterior imagen en el fondo detrás de Rafalín, en la ancha puerta que daba acceso al corral que tiempos antes de construir Andrés Bozas su vivienda en la parte de arriba, estaba al descubierto y cuando caía más la tarde se pasaba a la plazuela que hoy lleva el nombre de Andrés y justamente en la esquina de lo que hoy en día es la agencia de viajes de Anibal, y que en aquellos tiempos había un pollo conocido como “el de la señá Antonia”, donde ésta tenía una pequeña tienda de ultramarinos, allí se sentaba el señó José a tomar el fresco y a mascullar alguna que otra reprimenda al corro de “estos joíos muchachos” que correteabamos a su lado.

La posá del navajero tuvo en su tiempos de apogeo una actividad mucho mayor que en la época de la que os estoy hablando, al fin y al cabo os estoy contando hechos ocurridos ya en las postrinerías del sitio como posada, ya que el señó José falleció en esos años y su hija Conce que era la persona que la regentaba y madre de mis amigos Jose Antonio y Rafi que cuando eramos pequeños le llabaman Rafalino, dejó poco a poco de prestar esta actividad y esta posada fue adquirida por Andrés Bozas el carpintero que se casó en esos años con su sobrina Pepita. Eran por tanto los años de declive y en ese tiempo quedaron algunas personas que estuvieron viviendo en la posá hasta sus últimos días, como fueron el señó Paco, el tío Manuel “el mama” y el señó José “Buenapersona” de los que a continuación escribiré algunas lineas. El señó Paco era un hombrito mayor que casi siempre vestía con unos pantalones de pana oscuros una camisa blanca con chaleco de color oscuro si bien no acierto a acordarme bien de él pues de los tres a los que me refiero, éste pasado un tiempo se fue a vivir con sus hijos que en esos años habían emigrado a Barcelona. Del señó Manuel “el mama” recordaré siempre su imagen sentado en la lumbre de la cocina de la posá atizando el fuego con una vara y una peremne colilla de “Ideales” pegada a su labio inferior y vestido también con ropajes oscuros y siempre tocado en su cabeza con una boína negra. El señó Manuel “el mama” murió en esos años siendo nosotros muy pequeños pero todavía recuerdo su imagen. De estos tres personajes es el señó José “buenapersona” el que más recuerdo pues falleció cuando nosotros, los niños de la posá ya eramos jóvenes y de él escribire unas cuantas líneas más pues al que más recuerdo, pero antes de centrarmen en esta persona, quiero significar que el corral de la posá era un trasiego de personas diferentes que a lo largo del día pasaban de la plazuela de San Mateo a la calle carrión por el paso más corto que era entrar  por la puerta falsa y salir por la principal o al revés y de entre estas personas había otras dos también bastante singulares, que eran Carriona que en tiempos había trabajado para el señó José el navajero y que era como una especie de tía de todos los que por allí andabamos y no era raro el llevarnos una reprimenda de ella alguna de las veces de las que pasaba por allí y nos pillaba haciendo alguna travesura. Carriona vivía justo al salir de la posá por la puerta falsa y por debajo de ella vivía y creo que aún vive, Cipriana “la sorda” que también cruzaba ese corral varias veces al día y nosotros siempre estabamos allí, testigos que no mudos del paso de la gente.

Por aquellos tiempos, los padres de Japaca (Paqui Santos), habían emigrado a Alemania y se habían llevado con ellos a su hermano Juan (Juanitín), que era más mayor y ella había quedado al cargo de su tía Conce. Eramos bastante pequeños, quizás mis recuerdos mas antiguos de la niñez se encuentren en esta época y es de aquí de donde proviene esta forma de nombrarla que aún sigue con los años entre nosotros familiarmente. Como digo a lo largo de todo el artículo, siempre estabamos jugando en la posá, con un perro que llamaban “Manolo” y al que nostros llambamos “Manolino” y estando en el antiguo salón a la hora en que se disponían a cenar el señó Paco y el tío Manué “el mama”, estos ofrecieron algun que otro vasillo de vino a Japaca, cosa impensable hoy en día, pero aquellos eran otros tiempos y ella los bebió no recuerdo si con dificultad o nó, pero el caso es que cuando fuimos a mi casa a cenar con mi tía Nico, pues tan pronto cenabamos unos en casa de otros, eso tampoco importaba, el caso es que a Japaca se le subieron los vapores de los tintorros y empezó a proferir frases como “Japaco maíca, Manué maíca…” y a decir cosas incongruentes y a comportarse de manera extraña cosa que indudablemente hicieron ver a mi tía Nico que la niña estaba con una “tajá” que para irse a dormirla. De ahí viene el sobrenombre de “Japaca” y que ya digo, familiarmente acompaña nuestra relación de hace tantos años.

En la imagen Japaca, Manolín y el perrino Manolino, uno de los habitantes animales del corral de la posá.

Y es que ocurrían cosas, muchas cosas en aquellos tiempos de la Posá del Navajero, por lo que he decidido escribirlo en varios cápitulos para hacer más amena su lectura, por lo que voy a dar por finalizado este primero con esta graciosa anécdota.

(sigue en otro momento)